Recordando al doctor Eyad el Sarraj, 1943-2013

18-12-2013

Nancy Murray

El doctor Eyad el Sarraj, que murió el 17 de diciembre a los 70 años y está siendo enterrado hoy en la Franja de Gaza, estaba íntimamente familiarizado con el trauma y lo que los ciclos de la violencia hacen en la psique humana y a la sociedad.

Fundador del Programa de Salud Mental de la Comunidad de Gaza en 1990, el trabajo de su vida fue ayudar a la gente a ir más allá de su trauma personal y colectivo para reconocer la humanidad básica de todos los seres humanos.

Los derechos humanos y la salud mental iban de la mano de un hombre que, siendo un niño de cuatro años, se vio obligado a huir con su familia de Bir al-Saba '(ahora Beersheva) a Gaza cuando se estableció el Estado de Israel. Después de que Gaza y Cisjordania fueron ocupados por Israel en 1967, su padre y su hermano estaban entre los cientos de miles de palestinos que fueron arrestados y enfrentan la tortura durante los interrogatorios.

Como le dijo al Boston Globe en abril de 1997 cuando estaba en Boston para recibir el primer premio de derechos humanos otorgado por el Physicians for Human Rights, "Empecé como médico en Gaza y no quería estar involucrado en la política. Pero muchos de mis pacientes eran víctimas de la tortura y me vi involucrado arrastrados en la defensa de ellos. Defender los derechos humanos es mi gran obsesión”.

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El doctor Eyad Sarraj y Noam Chomsky, octubre de 2012

Eyad el-Sarraj estudió medicina en Alejandría, Egipto, en 1971 y en 1973 fue a Londres para estudiar psiquiatría. A su regreso en 1977, se convirtió en el primer psiquiatra de la Franja de Gaza.

Conocí a Eyad cuando fui a Gaza en 1988 como parte de una delegación de investigación poco después del comienzo de la primera intifada. Nunca olvidaré la impresión de ver los hospitales llenos de hombres jóvenes y niños que habían padecido la "fuerza, el poder y las palizas" que el entonces ministro de Defensa israelí, Yitzhak Rabin había ordenado para sofocar un levantamiento armado de toda la población, y de escuchar los gritos, disparos y el ulular de las amb ulancias durante toda la noche.

En 1988 y durante los siguientes cinco años, se impuso a los palestinos un toque de queda a partir de las 19 horas; a veces sufrían arresto domiciliario por períodos de días o incluso semanas a la vez, pero cada noche tenían que dejar las calles vacías a partir de las 7 PM.

El conductor de uno pequeño Renault blanco no estaba dispuesto a acatar esta orden militar. En cambio, todas las noches Eyad iría donde se le necesitaba, dando consuelo y atención médica. No hizo ningún intento de evitar los convoyes de las FDI, y en cambio seguía resueltamente su camino, a veces conmigo en el asiento del pasajero.

Así de lanzado era él para romper las reglas que los soldados debieron haber asumido que tenía un permiso especial, aunque nunca lo tuvo. Lo que sí tenía era la determinación de vivir en abierto desafío, en in reto no violento de la ocupación, tanto como una afirmación de la propia humanidad, y en reconocimiento de la humanidad de los demás, así sean israelíes o palestinos.

Equinox , una revista canadiense publicó un artículo de fondo sobre Eyad en febrero de 1995, que ilustra esta cualidad:

"Una vez fue detenido durante la Intifada y un soldado israelí le ordenó para extinguir las llamas de un neumático ardiendo con sus propias manos. Se negó al pedido. Cuando el soldado amenazó con lretirarle su tarjeta de identificación, el-Sarraj no protestó. 'Adelante, tómala, no me importa’ dijo. Y cuando el soldado amenazó con golpearlo, dijo el-Sarraj, "Adelante, pero antes de hacerlo, sé que hay un ser humano real detrás de ese uniforme, y me gustaría que me enseñes a esa persona". Asomaron lágrimas a los ojos del soldado y luego se retiró".

¿Cómo le era posible mantener la cordura en las condiciones inhumanas de la ocupación? Mientras la primera Intifada estaba en su apogeo, Eyad se dedicó a la creación de un centro que trabajaría para superar el estigma asociado a la enfermedad mental, y proporcionar a la familia y a la comunidad un tratamiento basado a gran escala. Recuerdo muy bien una discusión que tuvimos en 1989 sobre sus ideas para el programa de tratamiento de las enfermedades mentales en la comunidad de Gaza -Gaza Community Mental Health Program (GCMHP). Me parecía que iba a ser un proyecto de muchos años de preparación.

Pero al año siguiente, cuando visité Gaza, la sede ya estaba construida y el personal estaba siendo entrenado. Pronto, el GCMHP tenía clínicas en los campos de refugiados, y había establecido una serie de programas de capacitación, programas de intervención en crisis, proyectos especiales que trabajaban con niños y entrenaban a mujeres, y un departamento de formación y educación que ofrecía cursos para maestros y enfermeras, así como un diploma de postgrado en Salud Mental de la Comunidad y en Derechos Humanos.

A mediados de 1990, el doctor El Sarraj se había convertido en la Delegado General de la Comisión Palestina Independiente por los Derechos de los Ciudadanos. Cuando, en 1995 y nuevamente en 1996, criticó las prácticas de derechos humanos no sólo de los ocupantes israelíes, sino también de la Autoridad Palestina, fue detenido en tres ocasiones, y severamente golpeado en la cárcel.

Más tarde acabó dando asesoramiento a los guardias que habían participado de la paliza, y que ellos mismos habían sido torturados en las cárceles israelíes.

A medida que la situación en Gaza se hizo cada vez más desesperada tras el inicio de la segunda Intifada en 2000, Eyad intentó despertar la conciencia del mundo con sus escritos, con la publicación de investigaciones, apariciones en los medios y con discursos de gran alcance que dio en Boston y países de todo el globo. Y a medida que el derramamiento de sangre se intensificó, también se intensificaron sus llamamientos para una intervención internacional urgente para poner fin a la ocupación israelí y el ciclo sin fin de la violencia: "La gente que comete los atentados suicidas en esta Intifada", ha indicado, "son los hijos de la primera Intifada, personas que han sufrido demasiados traumas en la infancia".

Su coraje, decencia, independencia de pensamiento, y la visión de un mundo mejor hicieron de él un faro de conciencia moral y esperanza para aquellos israelíes que buscan la paz con los palestinos y para los palestinos que luchan tanto con la ocupación y sus propias divisiones políticas ruinosas.

Estas cualidades le valieron el respeto de todo el espectro político (como lo demuestra la película The Gatekeepers) y un importante reconocimiento internacional. Además del premio en 1997 de Médicos por los Derechos Humanos, recibió el Premio Martin Ennals para los defensores de los derechos humanos en 1998. En 2010, cuando ya estaba enfermo con mieloma múltiple, fue galardonado con el Premio Olof Palme por su "lucha abnegada e incansable por el sentido común, la reconciliación y la paz entre Palestina e Israel", y el Premio Juan José López-Ibor en Psiquiatría .

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El doctor Eyad el Sarraj y su hijo Alí en el jardín de su casa, alrededor de 2005

Cuando la esperanza era escasa, una caminata por la mañana en la playa, una tarde jugando con su pequeño hijo Ali y pasar una velada con amigos entre las flores de su jardín en la ciudad de Gaza rejuvenecía el espíritu y la fe de Eyad en la bondad básica de los seres humanos.

Incluso encontró algo positivo que decir sobre el cáncer que finalmente llevó su vida: "Es sólo otra forma de vida", me escribió, "diferente, pero puede tener aspectos positivos. Descansas, disfrutas de las cosas que siempre quisiste hacer, disfrutas de la vida aún más. Considero que es una bendición, ya que me hizo apreciar tantas cosas que daba por sentadas, como el color verde de mis plantas, o ¡disfrutar del placer de ayudar a Ali a lavarse el trasero! "

El doctor Eyad el Sarraj deja una Palestina desolada, una familia doliente y amigos en todo el mundo que sentirán profundamente su ausencia.

Corrección: Este artículo originalmente decía que Eyad el Sarraj nació en 1944.

Fuente: Rebelión Traducido por J.M

Fuente original: Mondoweiss